Turismo de aventura incluye actividades de riesgo bajo, moderado y alto, de acuerdo a su dificultad, y en el caso de las primeras, pueden ser realizadas por casi cualquiera, adaptándose incluso al turismo accesible.
Se trata de modalidades donde el riesgo es percibido, pero que cumplen con el liberar adrenalina en sus participantes y en representar un reto para ellos. La aventura supone la fantasía de encontrarse con algo nuevo e inusual, en esta palabra ya se ha establecido el camino para salir de la rutina, que puede convertirse en un viaje acuático a lo largo de un río o escalar alguna montaña. A diferencia de otros tipos de turismo, la aventura es incompatible con el papel del espectador, un turista puede en un sentido literal sentir al menos una pequeña parte de la Tierra.


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